Plusvalía accionaria

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Comúnmente, al comprar un activo inmobiliario, todo inversionista considera que existirán dos fuentes potenciales de rentabilidad. Por un lado, el flujo que se genera al arrendar la propiedad y por otro la “plusvalía”.

En la última década, la mayor parte del retorno total de los activos inmobiliarios es explicado por plusvalía. Una combinación de demanda creciente, escasez de suelo y mayores costos, entre otros, ha hecho que los precios de las viviendas suban prácticamente sin pausa alguna.

Si bien es un concepto normalmente utilizado en las inversiones inmobiliarias, los mercados financieros “tradicionales” no están al margen de este ejercicio. Al invertir, por ejemplo, en acciones también existen, a grandes rasgos, dos fuentes de retorno: dividendo (flujo de arriendo) y ganancia de capital (“plusvalía”). En el caso de las compañías, entre los factores que determinarán su mayor o menor valor está el crecimiento de la empresa, los márgenes, perspectivas de mercado, etc.

Al revisar retornos históricos, las acciones han tenido una “plusvalía” muy relevante. La bolsa norteamericana ha tenido una rentabilidad promedio de 10% aproximadamente desde 1930 a la fecha y aproximadamente dos tercios de eso corresponden a “plusvalía”.

Coloquialmente se entiende que la plusvalía será siempre positiva, y la historia reciente en Chile muestra altos retornos para el sector inmobiliario. Sin embargo, los estudios académicos muestran que, en régimen, la plusvalía es más moderada- cercana al crecimiento del PIB. Es más, en mercados desarrollados, en los últimos años ésta ha sido cercana a cero o negativa, en términos reales.

Así, no hay que olvidar que el mercado financiero proporciona características de retornos de largo plazo muy interesantes y quizás es una buena idea diversificar las fuentes de plusvalía.

Esta columna fue publicada originalmente en La Segunda el 08-ago-2019 [LINK]

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José Ignacio Villarroel · Aug 8, 2019 · 2 min read