Dislocación Presidente-Congreso: la madre del cordero

Chile padece un problema político estructural. El actual clima de confrontación entre el poder ejecutivo y el parlamento se ha polarizado aún más después del plebiscito, generando tensión en la cargada agenda legislativa, laque incluye el presupuesto para el 2021, el nuevo retiro del 10%, la reforma de pensiones y un impuesto al patrimonio. Este antagonismo probablemente es responsable de una buena parte del mal desempeño relativo de la bolsa local desde julio de este año (-17% en dólares vs comparables). En los ojos de los inversionistas, que el poder legislativo se tome atribuciones del poder ejecutivo es peligroso, un sistema donde quienes deciden los gastos no se llevan los costos de sus decisiones genera incentivos perversos y aumenta el riesgo de errores de política económica. Así ha sido señalado de forma bastante explícita por algunas agencias clasificadoras de riesgo.

Este problema, aunque bien disfrazado de coyuntural, es estructural e independiente del color político. Para que los países funcionen es necesario que su régimen político sea consistente con su régimen electoral. Es así que en sistemas presidenciales como el de EEUU se fuerzan estructuras demacro partidos en el poder legislativo. En regímenes parlamentarios, donde el sistema electoral es representativo, para elegir al ejecutivo se les fuerza a generar acuerdos y finalmente en régimen semi presidencial como el francés se combinan elementos de ambos.

En Chile, desde la reforma al sistema electoral del 2015, tenemos el peor de los dos mundos. Un sistema electoral construido para el parlamentarismo y un sistema político que concentra la mayoría de las atribuciones en el presidente. Esto genera que la agenda legislativa sea disfuncional a no ser que la coalición gobernante obtenga grandes mayorías. Por otro lado, dado este régimen de incentivos, es natural que los parlamentarios favorezcan más los intereses particulares de su pequeño grupo de electores que el bien común o la gobernabilidad. Esto es producto de que los costos de las malas decisiones se disuelven entre muchos, pero el avanzar en una agenda partidista tiene buenos réditos electorales. En otras palabras, me basta hacerlo que quieren unos pocos y no tengo que pensar en la mayoría para ser reelegido. La lamentable consecuencia de esto es la polarización. 

Para retomar la senda del crecimiento y devolverles la confianza a los inversionistas, no basta con tener claro que la futura constitución será un texto razonable y no una lista de buenos deseos, es necesario no arruinar hoy, mediante malas políticas públicas, las perspectivas de largo plazo del país. Pero esto requiere un esfuerzo importante de la clase política dado el complejo régimen de incentivos políticos que se tienen actualmente.

Esta columna fue publicada originalmente en El mercurio inversiones[LINK] el 10–11–2020

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Gonzalo Reyes · Oct 6, 2020 · 2 min read